-Post Mortem- es la despedida que Albert Caraco le ofrenda a su madre una vez que ésta ha muerto. Este puñado de aforismos representa una de las máximas emanaciones de lucidez del pensamiento occidental, y al mismo tiempo es la forma en que el pensador más severo del siglo veinte decide inmolarse, con una ternura infinita, sobre el recuerdo de su querida y odiada madre. Caraco, con la devastadora inteligencia que lo caracteriza, nos va narrando los últimos días de vida de Señora Madre, como él la llama, describiendo con suma precisión los rasgos de carácter que la distinguían, como si éstos fuesen emanaciones del arquetipo de la Madre Eterna.