El ejido y el proyecto de ciudad

Pensemos en la formación urbana de Bogotá. Pensemos en Bogotá… en la ciudad como el epicentro de las transformaciones en las estructuras sociales, económicas, políticas y culturales de una sociedad

El ejido y el proyecto de ciudad

con John Farfán

Por: María Andrea Campo | Equipo de Comunicaciones

viernes, junio 10, 2022

Cuando miramos los planos de Bogotá en el siglo 17, 18, 19 y hasta después del 20, se puede ver cómo Bogotá crece hacia los lados, hacía el sur y el norte como en una franja larga al borde de los cerros... En cambio, si vamos hacia el occidente ¿qué es lo que pasa en esta zona? ¿por qué no crece nada allí? ¿qué contiene el crecimiento de la ciudad en este punto? De esta curiosidad por la historia urbana de Bogotá nació la investigación de John Farfán. John es sociólogo y magíster en Historia y Teoría del Arte, la Arquitectura y la Ciudad de la Universidad Nacional de Colombia. Su tesis comenzó aquí cuando le compartió su duda a Germán Mejía, su director de tesis. Él le respondió: “lo que te vas a encontrar ahí son los ejidos de la ciudad”. Así empezó todo, con la exploración de una palabra clave en la historia de la ciudad de Bogotá: el ejido.

Hablamos con John acerca de su libro “Una ciudad al occidente”, sus temas, espacios de debate e historias, el uso colectivo de la tierra, la reurbanización y lo que queda por hacer en Bogotá…

Fuente: Archivo de Bogotá


¿Qué es un ejido?


J- Bueno, cuando yo pregunté a algunos les sonaba como eso donde sus abuelos se reunían o un lugar en el que se pastaba el ganado por fuera de los pueblos.. pero nadie tenía muy claro qué era.
Es un concepto fundamental en la colonia. Los ejidos eran tierras que se constituyeron en las ciudades de fundación española en América para el uso colectivo de los ciudadanos, como el germen de los primeros territorios públicos de las ciudades. Se origina en España hacia el siglo VIII durante la reocupación de los territorios ocupados por los árabes e inventan todo un sistema para urbanizar ciudades, entre esos el damero, etc…


¿Cómo era entonces la noción de lo colectivo en la colonia?


J- Si nos remontamos más atrás está en la biblia ¿no? que la ciudad de Dios es una ciudad cuadrada con unas tierras colectivas para el uso de los sacerdotes del templo. Esto se retoma en la edad media, la palabra ‘ejido’ viene de “ex-hido” que en latín significa “afuera”, tierras afuera de la muralla. Estas tierras son libres porque son para la protección de la ciudad y también porque pueden ser aprovechadas por los ciudadanos. Aquí en Colombia eran tierras que el cabildo alquilaba para la ciudad y era el comienzo de la propiedad comunal al occidente de Bogotá… hasta que en un momento esto desaparece. De la nada eso era público y luego privado y el libro justamente responde a ese vacío en la historia.

Fuente: Archivo de Bogotá


¿Cómo fue esta transición?


J- El concepto de la transición del ejido se trata de la transición entre el ciudadano y un aparato gubernamental que se encargaba de administrar estas tierras. ‘Transición’ porque no fue un proceso lineal sino que fue algo que parecía devolverse, luego que iba hacia adelante y así. Es socio-espacial, espacial porque son transiciones del territorio, pasa en el espacio físico, pero también hay unas personas que hacen un aprovechamiento sobre ese territorio, de ahí lo social.


¿Quiénes son estas personas? ¿Cuál es su relación con el aparato de gobierno?


J- El gobierno buscaba que estas tierras no estuvieran en poder de los típicos terratenientes, que las tuvieron alquiladas por más de cien o doscientos años. Incluso muchos ejidos se perdieron porque se ocupaban por tantas generaciones que se perdía el registro y acababan siendo de la propiedad de su arrendatario ¿no? Estas personas decían: “Es que esta tierra siempre ha sido nuestra”, así pasó con El Salitre que era un ejido y se quedó en menos de esa familia.
Por eso, la idea en papel era ‘democratizar’ estas tierras por medio de su venta, algo que fue medio falso ya que los que las compraron volvieron a ser terratenientes pero esta vez terratenientes asociados al Estado.

Fuente: Museo de Desarrollo Urbano de Bogotá


¿Por qué esta necesidad de vender los ejidos?


J- La transición entre el ejido y la urbanización sucede porque hay un nuevo principio: capitalizar la tierra. Es la entrada del capitalismo fuerte al país, de encontrar que hay un mercado de tierras y comenzar a ver este personaje que siempre se miró por encima del hombro en nuestra sociedad, al pobre, como un cliente potencial de tierras. A comienzos del siglo xx este personaje pasa de ser el misericordioso y se comienza a llamar el obrero, que es funcional a un sistema económico y, sobre todo, crediticio.


¿Cómo juegan los intereses de la cultura obrera en la construcción de Bogotá?


Esta reconversión del pobre en obrero es la reconversión del ejido a la urbanización. Tiene que ver con la modernidad… Según François Ascher los orígenes del urbanismo surgen de la pregunta por el núcleo obrero. La ciudad se plantea para expandir las necesidades capitalistas, lo que funciona perfectamente para Europa, pero acá no.
En 1845 pastor Ospina propuso una nueva ciudad, pero no una ciudad pensada para el obrero ni para el menesteroso sino para esos que pudieran costearla. Una ciudad “rica, bella y elegante”. Y hacia finales del siglo xix las plazas de Bogotá se convirtieron en parques ajardinados con rejas, las tradicionales vías como la séptima se volvieron alamedas y paseos... y se empezaron a aplicar conceptos de ciudades burguesas europeas en la ciudad.
Al final aunque no se construye la ciudad ideal de Ospina sí se consolida el pensamiento que estaba detrás: el capitalismo. Que la ciudad es para quien la pueda pagar y el pobre se vuelve un cliente, cuando antes, en la ciudad terrateniente, este no podía acceder de ninguna manera a la tierra. Un pensamiento brillante capitalista maligno (risas)

Fuente: Archivo de Bogotá Fuente: Archivo de Bogotá


Entonces, ¿cómo juegan (más bien) los intereses de las élites en la construcción de Bogotá? Dices que los latifundistas y los colaboradores con el gobierno que querían cambiar la ciudad terminaban siendo los mismos…


J-Pues a mí me sorprendía cuando hacía el rastreo de estas tierras que no cambiaban de dueño, se quedaban en manos de una misma familia por más de cien años. Y uno se pone a investigar, bueno, quién era el abuelo: un terrateniente clásico que probablemente vino de Antioquia y que era famoso por su posesión de tierras. Y luego uno ve a su nieto que ahora es el empresario, que tiene una fábrica, que es exportador.
Es uno de muchos ejemplos de cómo el poder en sí mismo se viste con distintas ropas en el tiempo. Cómo nuestras burguesías finalmente son adelantadas a su tiempo, desafortunadamente, y saben que siempre deben transformarse a donde está el poder, hacia el negocio.


¿Qué pasará con los ejidos, las tierras colectivas, en el futuro? ¿Cuál es el futuro ideal y es posible aún?


J- Creo que somos presas del movimiento capitalista mundial. Este proceso de gentrificación que está sucediendo en Bogotá ya sucedió en otras ciudades, somos presos... seguimos inercialmente unos procesos.
Lo que falta en Bogotá no es necesariamente rescatar el ejido pero sí el concepto de lo público, de la propiedad pública. Ese sería el gran diferenciador. Siendo idealista, romántico, nos faltan más territorios públicos pero de propiedad colectiva ¿me hago entender? No solo de un acceso universal que es el concepto actual de lo público, sino de propiedad conjunta, comunitaria. La tarea es volver a retomar el pacto ciudadano de lo colectivo en el que el ente gubernamental sea un administrador y no el poseedor de la tierra. Ahora lo público significa que el ente gubernamental es el dueño y de eso no se trata lo colectivo, que el dueño sea el Estado no quiere decir que sea de todos. Que sea de todos significa que, sí, es intermediado por unas instituciones locales, pero el uso, el habitar, lo hacen comunalmente los ciudadanos. No lo tengo muy claro, evidentemente, pero va por ahí.

Fuente: Bogota Panoramica by Pablo Muñoz (2016)


Para terminar, ¿libros así ayudan a dirigirnos hacia ese cambio que necesitamos?


J- Ayudan a pensar en el diseño actual de las políticas sobre este territorio. Lo cual ya genera una pequeña esperanza. Se suele investigar lo que gusta ¿no? lo que nos parece lindo, estético, La Candelaria, Teusaquillo y estas zonas. Puente Aranda, Ricaute se han dejado de lado, pero comenzar a investigar es comenzar a apropiarse del territorio y comenzar a crearle un pasado a la ciudad. Lo que están haciendo ahora es construir en la ciudad como si no tuviera un pasado. Hay un pasado y no es por simple romanticismo que se debería conocer, es porque es constitutivo de lo que es ahora. Si quieren re-calificar pues primero sepan qué es, de dónde viene. Es nombrarlo: esto es un ejido.
La primera pregunta debe ser por el concepto, nombrar ¿qué es un ejido? y desde esta respuesta es que se hace real el territorio y el urbanismo, se le da un sentido, un entendimiento, se lo dota de memoria, de valor y solo entonces se podrá transformar.

El relato de cómo grandes tierras comunales pasaron a manos privadas y hoy en día son barrios bogotanos. La historia de cuando se buscó conformar el primer nodo habitacional obrero de Bogotá: el barrio Ricaurte y sus alrededores…


«A mediados del siglo XIX Bogotá se desperdigaba lentamente cuesta abajo desde la falda de la montaña en que se la fundó hasta desaparecer por completo sobre el borde de los ejidos. Se conocieron con este término de “ejidos” a las tierras proveídas para la ciudad en 1571 por el Cabildo en nombre del Reino Español y que fueron destinadas para dar en arriendo a
los ciudadanos para el cultivo y el pastaje del ganado»

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